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Mi sentir por Thiancoumalal.

(Escrito por Reyes Rodriguez Villafuerte).

)


Thiancoumalal

Tras un año desde mi experiencia en Thiancoumalal, estoy segura que esta es la mejor forma de agradecer todo lo que me ha dado.


Cuando te dicen que escribas un testimonio sobre una experiencia así, es bastante más complicado de lo que crees.


¿Cómo resumes en unas pocas frases todos los momentos que te pasarías horas describiendo? ¿Cómo te explico lo que es sentir un poblado senegalés en su día a día? ¿Cómo te explico quién es Alpha,  y que es la mejor persona que probablemente podrías conocer en tu vida?


Creo, y estoy bastante segura, que Thiancoumalal es uno de los lugares más mágicos que voy a conocer en mi vida. Y no, no es el típico lugar mágico dónde hay un lago inmenso con cisnes, mariposas y un millón de flores. No. Me refiero a un lugar dónde se marcan goles con los pies llenos de barro, se baila al ritmo del djembé bajo la lluvia, dónde empiezas el día con 20 niños mirándote y ansiando aprender, y lo acabas duchándote con un cubo lleno de agua de pozo, sin cobertura y mirando las estrellas.


Sobre todo, dónde las prisas no te asfixian.


Sinceramente, para mi Thiancoumalal no es exactamente sinónimo de tristeza, pobreza, hambre o enfermedades. No lo relaciono con el típico poblado africano tercermundista que vemos en los telediarios. Que también. Es un lugar de esperanzas, iniciativas, aprendizaje, superación, comienzos... Podría pasarme todo el día describiendo ese maldito poblado de tierras cobrizas y vegetación luminiscente que no se te quita de la cabeza, pero creo que es más importante que te hable de su gente y de mi función allí.


Como sabes, Papa Alpha lleva tres proyectos en el poblado: salud, educación y desarrollo comunitario. Yo estaba dentro del proyecto de educación y (aunque suene típico) aprendí más de ellos que ellos de mí. Básicamente les enseñábamos idiomas, realizábamos juegos lúdicos fomentando valores fundamentales para el desarrollo de su vida y educación como la higiene, integración y demás.

Aspectos aparentemente secundarios pero muy necesarios para una buena evolución, teniendo en cuenta el contexto en el que se desarrolla el poblado.


Boubacar, Abdou, Adama, Kadjatu, Salliu, Ablai, Abdoul, Ummu, Mammu, Yenna, Souleiman, Aisatu, Rayana, Tierno, Manhma, Bamusa, Badji, Assatu, Kadja, Sapiatu, Assiatu, Malal, Osman, Elash, Amzou, Alidu, Alpha, Aliou, Samba, Alpha Omar, Kamissa, Yulde... y muchos otros rostros de infancia descartada que permanecen en tu mente mucho más de lo que crees.


Cuándo vives lo que viven ellos, su cultura, sus obligaciones, sus costumbres, cuando le pones nombre y apellido a todas las desgracias que ves a diario en la noticias, es prácticamente imposible que los olvides. En serio.


He de decir, que no todo son risas ni arcoíris, que va. Hay momentos bastantes duros, ves cosas que no te gustaría ver, realidades que duelen. Pero personalmente, creo que es “necesario” dentro de esta experiencia. Crea una rabia tan sincera que no te queda otra que ponerte manos a la obra para intentar cambiar todo aquello que te remueven las tripas. Te recuerda la suerte que tienes y el significado que tiene vivir a un lado de una frontera o a otro. Despierta valores esenciales que se adormecen en nuestra rutina occidental.


Podría decir que aún siendo un lugar tan lejano y diferente a tu casa se convierte prácticamente en un hogar, en un sitio donde querría volver cada año.


Y es por todo esto y más, que Thiancoumalal consigue que quieras tanto para ellos como querrías para los tuyos.


Porque al fin y al cabo, da igual el tiempo que estés, se acaban convirtiendo en parte de ti. Y te aseguro que no verás el mundo con los mismos ojos después de conocerlos.


No se si habrá servido de mucho, pero esto es lo que siente mi cuerpo cuando recuerda ese pequeño poblado de Kedougou, Senegal.

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