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  • Marta An He

De vuelta...

Hoy tengo la sensación de no encontrar las palabras para describir lo vivido… raro en mi, no?


He sido capaz de contar algunas pocas de las situaciones vividas, pero no más… me invade “un yo que se” en el estómago y los ojos se mantienen permanentemente cristalinos, emocionados. 


Esta madrugada al  llegar a casa, aunque feliz, me sentí desconcertada y, hoy al salir,  un sentimiento parecido recorrió mi cuerpo. Y es que caminado por las calles de mi pueblo no podía dejar de pensar en los colores de la tierra que me ha acogido durante estas tres semanas, colores a los que no podías dejar de mirar, sintiéndote cómo hipnotizada. Nunca antes he visto un verde y un rojo más resplandeciente y puro.


País de inmensos contrastes y contradicciones, me quedo con la bondad de la gente de los poblados más recónditos. Aquellos que, aún no teniendo nada, te regalan siempre su mejor sonrisa. Agradecidos de tenernos entre ellos, de que entremos en sus casas y compartamos un rato de charla. Y es que cuánto de importante es que te escuchen, verdad, sentir que alguien se interese por ti más allá de las diferencias que se puedan tener. Pues sí, eso es lo que hemos hecho… acercarnos a las personas para conocerles, para comprenderles, para colaborar y así al final… poderles ayudar.


Más adelante os hablaré de esa ayuda, del significado que para mi tiene y que discierne algo de relaciones de apoyo ya establecidas en los países subdesarrollados.

Y aunque será en otro momento que os hable de las preciosas personas que han compartido conmigo ésta experiencia,  no podía acabar este post sin darles las gracias por tanto: Abel, Dani, Carlos (@papaalphaa), Marina, Izan, Maite, Elena, Idoia, Sandra y Maria.


Por: Elisabeth Hernandez



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